El Rollo de Cobre, el manuscrito del Mar Muerto que es el mapa de un gran tesoro oculto.
En 1947 dos pastores beduinos que trataban de rescatar a una
de sus cabras, caída en una sima del valle de Qumrán (actual Israel),
encontraron unas vasijas de cerámica que contenían siete rollos de pergamino
que fueron vendiendo a trozos a un par de anticuarios de Belén. Como suele
pasar en estos casos, algunos de ellos fueron circulando de mano en mano y en
1954 terminaron en las de un arqueólogo de la Universidad Hebrea de Jerusalén, que se percató de su valor histórico e incentivó la búsqueda de otras piezas
similares, de manera que con el tiempo terminaron hallándose unos seiscientos
pergaminos más otros muchos fragmentos sueltos. Son lo que hoy conocemos como
Manuscritos del Mar Muerto.
Como decimos, la mayoría son de pergamino (un soporte de piel
de animal alisada) y papiro (una especie de papel hecho de hojas de esa planta
prensadas), pero hay uno que es diferente: el conocido como Rollo de Cobre,
evidentemente porque está escrito sobre una larga lámina de ese metal (aunque
con una minúscula proporción de estaño, un uno por ciento). Para ser exactos,
son dos rollos con un único texto dispuesto en doce columnas y grabado en tres
hojas muy finas de ochenta centímetros de largo por treinta de ancho que,
originariamente, formaban una unidad de dos metros cuarenta de longitud. Fue
descubierto el 14 de marzo de 1952 durante unas excavaciones arqueológicas al
fondo de la Cueva 3 de Khirbet Qumrán, de la que ya se habían sacado otros
quince rollos de pergamino, de ahí que su nombre técnico sea 3Q15.
Como cabe imaginar, el metal había sufrido la corrosión
propia del paso de milenios, por lo que resultaba imposible desenrollarlo y
leer su contenido. Por esa razón el arqueólogo y especialista en los
Manuscritos del Mar Muerto John Marco Allegro, recomendó al gobierno de Jordania
(la Cueva 3 estaba en su territorio y el rollo se exhibe hoy en el Museo
Arqueológico de Ammán) enviarlo a Inglaterra, al Manchester University’s
College of Technology, donde podían someter la pieza a un tratamiento adecuado.
Efectivamente, el profesor H. Wright Baker, lo cortó en veintitrés secciones que
facilitaron abrirlo y proceder a su lectura y traducción.
Los trabajos duraron dos años pero en 1956 estuvieron listos
y el propio Allegro, que los había supervisado, se encargó de parte de la
transcripción, publicada finalmente en 1960. No obstante el primero en ocuparse
del texto fue el sacerdote polaco Józef Milik, un experto en el tema que ya
había trabajado con los pergaminos a principios de la década, cuando aún era un
estudiante del Instituto Bíblico Pontificio de Roma. La primera impresión de
Milik, fue que los autores habían sido los esenios, aunque parecía un trabajo
extraoficial porque lo que contaba el rollo no se asemejaba a lo que hacían los
demás.
Éstos solían contener narraciones de carácter
literario-folclórico y, de hecho, es lo que parecía en principio. Pero luego
cambió de opinión: ni parecía esenio -nada lo indicaba- ni probablemente
formaba parte de su comunidad, por mucho que se sacara de una cueva de su
entorno; de hecho, sólo entonces empezó a resultar significativo que el rollo
estuviera guardado al fondo de dicha gruta, alejado del resto de documentos. En
suma, Milik, sugirió que se trataba de un texto sagrado con cronología distinta
a la de los demás rollos.
Paralelamente, los jordanos habían pedido a Allegro, que
también trabajase en ello y en 1957 le asignaron la labor oficialmente. Como
Milik, no acababa de publicar sus resultados, Allegro, transcribió a mano los
textos de cada segmento de cobre -ya que en fotografía resultaban ilegibles- y
los tradujo, publicando su versión en 1960. Milik, haría lo mismo dos años después.
El libro de Allegro, recibió duras críticas de la comunidad académica porque
hablaba de un Maestro de Justicia (una personalidad destacada e indefinida a la
que aluden los Manuscritos del Mar Muerto) que habría sido crucificado, algo
rebatido por buena parte de los especialistas, aunque bien otros fragmentos sí
fueron admitidos, como el que se refiere a un tesoro escondido (Allegro, hasta
organizó una expedición en su busca, volviendo con las manos vacías).
En buena medida, toda esta confusión venía motivada por la
antigüedad del rollo y por la lengua empleada. La datación no es unánime y unas
propuestas apuntan al segmento 25-27 d.C. mientras la mayoría la consideran más
tardía, en torno a los años 70-135 d.C. De hecho, hay quien apunta a que el citado
tesoro sería el acumulado entre las dos guerras judeoromanas, que terminaron
con el Templo de Jerusalén en ruinas y sus bienes evacuados o expoliados. Milik, propone hacia el año 100 d.C, lo que implica que no sería un documento esenio
porque para entonces la comunidad de Qumrán, ya no existía.
En cuanto a la segunda cuestión, la idiomática, también
distingue al Rollo de Cobre de los otros manuscritos. Si éstos fueron escritos
en un hebreo que se puede catalogar de bíblico, el que nos ocupa está en una
variante llamada mishná, de naturaleza más bien jurídica; tan sólo el rollo
4QMMT mantiene similitudes lingüísticas. Por ello, la ortografía es poco común,
con elementos alfabéticos y estructurales griegos, y la técnica de escritura
presenta unas formas características, resultado de haber sido aplicadas con
cincel. Además, se cree que es una copia realizada por un amanuense que no
dominaba la lengua original, de ahí las numerosas confusiones registradas y los
problemas para los investigadores actuales.
Aún así, se ha podido determinar que se trata de una lista
de sesenta y cuatro lugares por los que se ocultaron repartidos los objetos de
oro y plata que componían el tesoro, lo que da una pista de las fabulosas
dimensiones que tendría. Claro que tampoco hay unanimidad en lo de
identificarlo con el Segundo Templo de Jerusalén (el asaltado por las legiones
de Tito) y se proponen alternativas como el Primer Templo (el que destruyó
Nabucodonosor en el 586 a.C, acaso con demasiada diferencia cronológica) o la misma
comunidad de Qumrán (aunque se supone que los miembros no tenían riquezas por
su estilo de vida ascético quizá sí las admitían comunitarias de cara a un
futuro de esplendor); incluso hay quien cree que es una mera fantasía, si bien
eso no cuadraría con el hecho de que se eligiera el cobre para grabar las
instrucciones de forma más perdurable.
El Rollo de Cobre también tiene referencias a otros sitios
donde se guardaban manuscritos, a vestimentas sacerdotales e incluso menciona
al final un documento -de momento no encontrado- que se considera un Rollo de
Plata. La transcripción cita rincones concretos como la Casa de Hakkoz (que era
uno de los tesoreros del Templo), la cisterna de Shaveh o la Cueva de las
Cartas (una gruta del desierto de Judea, donde aparecieron mensajes
intercambiados entre Simón Bar Kojba, el líder de la rebelión contra Roma del
año 132 d.C, y sus fieles) y hasta especifica la cantidad de talentos que hay
en cada uno.
La traducción de la primera columna del rollo dice así:
En la ruina de Horebbah que se encuentra en el valle de
Achor, bajo los escalones que se dirigen hacia el este a unos cuarenta pies: se
encuentra un cofre de plata que pesa diecisiete talentos. Noventa talentos se
ocultan por sedimentos hacia la abertura superior, en el fondo de la gran
cisterna del patio del peristilo. En la colina de Kohlit se entierran vestidos
de sacerdotes y frascos que fueron dados como votos. Esta es toda la ofrenda
votiva del séptimo tesoro. El segundo décimo es impuro. La abertura se encuentra
en el borde del canal en su cara norte, de seis codos hacia el estanque
sumergido. Entra en el agujero de la presa impermeabilizada de Manos, desciende
a la izquierda, cuarenta talentos de plata yacen de tres codos desde el fondo.
Ahora bien, aún asumiendo -y así lo acuerdan la mayoría de
los expertos- que el Rollo de Cobre sea una especie de mapa del tesoro… el caso
es que no hay rastro de él. ¿Por qué? Hoy por hoy es imposible saberlo. Todas
las búsquedas ad hoc siguiendo las instrucciones escritas han fracasado, lo que
lleva a muchos a especular las más diversas teorías: que si lo encontraron los
romanos torturando a los responsables, que si lo
hicieron los templarios durante las Cruzadas y de ahí devino la proverbial riqueza
de la orden, etc. Seguramente circulen por las librerías montones de novelas
con otras hipótesis, cada cual más audaz.
Fuentes: Introducción a la literatura esenia de Qumrán
(Mathias Delcor y Florentino García Martínez)/Copper Scroll studies (George J.
Brooke y Philip R. Davies)/John Marco Allegro. The Maverick of the Dead Sea
Scrolls (Judith Anne Brown)/The impact of the Dead Sea Scrolls (Joseph A.
Fitzmyer)/Responses to 101 questions on the Dead Sea Scrolls (Joseph A.
Fitzmyer)/The Dead Sea Scrolls today (James VanderKam)/The Copper Scroll
(traducción al inglés) / Wikipedia.Jorge Alvarez, LBV Magazine Cultural
Independiente. Revisión y Diseño: elcofresito.







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