El hombre que batía récords saltando desde puentes (1886-1888). Segunda parte - Final.
Los periódicos seguían publicando artículos sobre el Campeón de salto de puentes, y Larry Donovan no quería defraudar a su público… su próximo salto debía ser algo impresionante, algo que le encumbrara como el mejor saltador de todos los tiempos. ¿Y qué hay más impresionante en Estados Unidos que las Cataratas del Niágara?
Donovan preparó sus
pesados zapatos, sus pantalones acolchados y su inseparable gorro de jinete y
se desplazó hasta el ya desaparecido Puente Colgante de las Cataratas del
Niágara. Bajo sus pies se extendían unos gigantescos 190 pies de altura (55
metros) una diferencia notable respecto al salto desde Brooklyn.
Ilustración del salto de Donovan en las Cataratas del Niágara. Police News Law Courts and Weekly Record 1886 (Dominio Público).
Donovan volvió a
conseguirlo. Su salto desde aquellos impresionantes 190 pies de altura dio la
vuelta al mundo y su fama comenzó a llegar a otros países en los que también la
fiebre de los salta puentes empezaba a despuntar. En una entrevista al New York
Times, en agosto de 1886, Donovan reconocía que se había empezado a ganar la vida
gracias a los premios y apuestas que sus saltos le proporcionaban, pero que en
este salto en las Cataratas del Niágara no había apostado ni ganado un solo
dolar puesto que lo había hecho en honor a los periódicos que tan bien lo
habían tratado durante todo este tiempo.
Entrevista a Donovan en el New York Times, 29 agosto 1886. Dominio Público.
El salto desde el puente
de las Cataratas del Niágara no había sido todo lo limpio que hubiera esperado
y el impacto contra el agua le dejó algunas secuelas como un par de costillas
rotas y un pulmón bastante tocado. Aún así, Donovan no iba a parar y sus miras
ya se habían puesto nuevamente en el Schuylkill River de Philadelphia, donde
comenzara su afición hace ya algunos años.
El puente elegido era el
ahora renovado Chestnut Street Bridge y se alzaba los nada desdeñables 88 pies
de altura (26 metros) sobre las aguas del Schuylkill. Las apuestas esta vez no
estaban tan altas como en otras ocasiones y Donovan apenas sacó algunos dólares
mientras se daba cuenta de que el interés del público hacia sus saltos iba
decayendo rápidamente. Durante los siguientes meses sobrevivió deambulando por
ferias y museos donde cobraba 10 centavos por aparición, mientras ideaba alguna
manera de levantar nuevamente expectación entre el público.
Y la idea que se le
ocurrió era, otra vez, realmente disparatada. Donovan quería volver a saltar
desde el Puente de Brooklyn pero esta vez saltaría de cabeza… si eso no
levantaba interés y polémica, ya no sé qué más podría hacer. Pero aquel salto
no iba a salir como él esperaba y sus planes se fueron al garete por la policía
que había sido advertida por la madre del propio Donovan que, preocupada por la
seguridad de su hijo, decidió delatarle a los agentes del orden para que
impidieran su locura.
Fue detenido nuevamente y
a pesar de no haber podido saltar, el juez que trató la causa quiso dar un
escarmiento a Donovan para que sirviera también de ejemplo a otros
saltapuentes. En esta ocasión la estancia de Larry en los calabozos se
extendería durante tres largos meses, tiempo en el cual tuvo que prometer por
escrito que nunca volvería a saltar desde un puente en la jurisdicción de Nueva
York.
Con las puertas
newyorkinas cerradas y con un interés cada vez menor, Donovan decidió que
Inglaterra podría ser un buen lugar para continuar su carrera… nuevo público,
nuevas apuestas, nuevos puentes. El escenario donde nuestro campeón volvería a
brillar sería el célebre London Bridge y, aunque su reto apareció en algunos
periódicos de la época, lo cierto es que tampoco levantó la expectación que
Donovan esperaba.
Donovan salta desde el Puente de Londres en 1887. Police News Law Courts and Weekly Record (Dominio Público).
Su salto desde el London
Bridge tuvo lugar el 05 de junio de 1887 y, salvo algunos artículos en medios
como The Referee, el acontecimiento tuvo poca repercusión. Los ingleses no
estaban por la labor de los saltapuentes a quienes consideraban poco más que
unos temerarios en busca de atención y fama. Pero Donovan no iba a rendirse,
había viajado un largo trecho como para darse por vencido en el primer salto
así que, sin hacer caso a las críticas, planeó un nuevo salto. Era el turno del
gran Puente Colgante de Clifton en Bristol y, para intentar congregar al máximo
número de público y medios, anunció que saltaría coincidiendo con el Jubileo de
Oro de la Reina Victoria y que incluso la propia reina estaría presente para
saludarlo después del salto.
Obviamente era un truco
publicitario para acompañar a un nuevo salto, pero las autoridades de
Inglaterra, al conocer los planes de Donovan y su mención a la Reina Victoria,
no se lo tomaron nada bien y lo arrestaron antes de realizar su espectáculo en
Bristol. Ahora, además de la detención policial, el juez iba a acusar a Donovan
de “intento de suicidio”…
Tras su liberación,
Donovan permaneció en Inglaterra haciendo pequeños saltos de exhibición, como
el protagonizado desde el puente de Waterloo disfrazado de un personaje de
teatro para promocionar una obra que se estrenaba en aquellos días, y también
intentando ganarse la vida con apuestas y apariciones públicas en entornos
mucho menos glamurosos que los que conoció en Nueva York.
Entrevista a Donovan en The Aroha News en febrero de 1888. Dominio Público.
Los días de gloria en los
que le conocían como el “campeón del mundo de salto de puentes” quedaban ya muy
lejos y Donovan pasaba la vida de taberna en taberna contando sus historias e
intentando recuperar algo de la fama perdida. Hasta que una noche, en uno de
aquellos pubs londinenses, alguien se burló de sus hazañas pasadas y le provocó
para que demostrara de lo que era capaz.
Entre cervezas y ambiente
cargado, Donovan aceptó una mísera apuesta de solo 2 libras para saltar esa
misma noche desde el Puente de Hungerford sobre el Támesis. La altura no era la
más peligrosa a la que se había enfrentado pero aún así se trataba de un salto
de más de 25 metros. Ya sea porque estaba borracho, por cabezonería o porque
necesitaba urgentemente dinero, Donovan aceptó la apuesta y saltó… cuando
sacaron su cuerpo del río ya fue tarde y Lawrence Donovan falleció ahogado
aquella noche del 7 de agosto de 1888.
Artículo sobre la muerte de Donovan en agosto de 1888. New York Star, 8 agosto 1888 (Dominio público).
Robert Emmet Odlum, en su salto fatal desde el Puente de Brooklin en el Frank Leslie’s Illustrated Newspaper.
Su muerte apenas pasó de
puntillas por algunos periódicos de Nueva York y Londres, como el artículo
superior en el New York Star o el The Manning Times, y después la fiebre de los
saltapuentes poco a poco se fue diluyendo. La historia del ser humano también
incluye de vez en cuando algún loco que le da por escalar edificios, hacer
malabarismos entre rascacielos o, saltar puentes como la fiebre de finales del
siglo XIX.
Fuentes, referencias y más
información:
No he encontrado nada en
español sobre Larry Donovan, pero en inglés hay una gran cantidad de artículos
entre los que destacan este magnífico reportaje en Atlas Obscura titulado
“Larry Donovan, 1880s Bridge Jumper, Lived Too Soon“, los carteles de “Larry
Donovan, (Bridge Jumper)” en wikipedia, y sobre todo, numerosa hemeroteca de
aquellos días: New York Times (agosto, 1886), The National Police Gazette
(1886), New York Times (noviembre, 1886), New York Clipper (1886), BridgePort
Morning News (1887), The Aroha News (1888), The Sun (marzo, 1888), The Manning
Times (1888), The Referee (septiembre, 1888). La Aldea Irreductible, Javier
Peláez: https://irreductible.naukas.com/2018/01/27/el-hombre-que-batia-records-saltando-desde-puentes/
Revisión y Diseño:
elcofresito.







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