EL PROCESO ELECTORAL EN LOS ESTADOS UNIDOS DE NORTE AMÉRICA
Fue en el territorio de las 13 colonias inglesas de Norteamérica donde triunfó, por vez primera, una revolución que dio como resultado la aplicación en la práctica del ideario político de la Ilustración. Se trataba por tanto de la primera de las “Revoluciones Atlánticas “, ciclo que se trasladaría a la vieja Europa poco tiempo después para regresar más tarde al nuevo mundo con la independencia de la América española.
Entre estos principios básicos se encontraban
los derechos inalienables del Ser Humano: vida, libertad, igualdad jurídica
pero también los derechos a la propiedad y conceptos tan importantes como la
soberanía nacional o la separación de poderes.
Entre los documentos más destacados que nos dejó aquella epopeya tenemos
la Declaración de Derechos del estado de Virginia y, por encima de todos, la
Constitución de los Estados Unidos de América, todavía en vigor, aunque
modificada por enmiendas sucesivas.
Pero lo más importante fue que el nuevo
régimen republicano se asentó en la doctrina de la Separación de Poderes
segregando de manera clara la figura del Presidente de la República, provisto
del poder ejecutivo, de la Cámara de Representantes, que tendría toda la
capacidad legislativa, si bien se establece para el jefe del estado la
prerrogativa del veto temporal de cualquier ley.
Para la elección del presidente y jefe de
estado se estableció el sufragio, primero censitario, después universal
masculino, con la excepción de las minorías étnicas y raciales y finalmente
universal, incluyendo también a todas las mujeres mayores de edad ya en el
siglo XX. Finalmente, la elección del presidente se consolidó como uno de los
momentos decisivos del proceso político norteamericano.
Podemos observar la consolidación de un
sistema político bipartidista. Esto nos podría indicar falta de pluralidad
política por la escasez de partidos. En realidad, el sistema electoral permite
la participación de infinidad de formaciones, pero dificulta la elección de
candidatos de partidos pequeños o no mayoritarios. En este gráfico tenemos los
resultados de las elecciones del 2008:
El proceso electoral en los Estados Unidos de América: el proceso de primarias
Para garantizar esa pluralidad, el candidato
de cada partido es elegido en un largo y duro proceso de elecciones primarias.
Dentro de un mismo partido (Demócrata-Republicano) se presentan diversos
candidatos de manera individual, alejados en muchas ocasiones de la dirección
del propio partido, que no suele interferir en el proceso y facilita la
pluralidad de ideas y opiniones. Así se llega a unas votaciones en las que son
electores no solamente los simpatizantes de uno u otro partido, sino que
cualquier ciudadano puede inscribirse en el proceso y votar a uno u otro
candidato, dependiendo del estado. Normalmente acaban por enfrentarse dos
candidatos, porque son los que más apoyos congregan. Los votantes eligen entre
uno u otro y el más votado en cada estado obtiene unos delegados o
representantes que elegirán posteriormente en una convención al candidato federal
a la presidencia del país. Por tanto, partimos de un proceso previo,
transparente, con numerosos debates públicos entre candidatos, con numerosas
propuestas que los votantes, sean o no afiliados al partido pueden votar.
Así llegaríamos al verdadero proceso
electoral, a las elecciones a la presidencia de los Estados Unidos.
El proceso electoral en los Estados Unidos
de América: La campaña electoral
Tras una dura y larga campaña electoral (que
consume ingentes cantidades de dinero que no financia el estado sino diferentes
actores sociales y empresariales, de manera pública) en la que se suceden
debates electorales en televisión, que son una tradición relativamente cercana,
desde los años 1970, se llega al día de las votaciones. Es curioso que, como
indica la propia Constitución, siempre se vota el primer martes después del
primer lunes de Noviembre (tradición asociada a festividades religiosas y al
final de la cosecha y que se mantiene de manera simbólica). Hay que reconocer
que los americanos han convertido la democracia en toda una tradición y en una
gran fiesta nacional.
Aunque parezca lo contrario, la elección no es
directa. No se elige directamente al presidente, sino a una lista de
compromisarios o grandes electores que después se reúnen y eligen por mayoría
al presidente. Es muy raro que un candidato que ha obtenido más votos populares
obtenga menos compromisarios. Esto sólo se ha dado un par de veces en la
historia EE.UU. En definitiva, lo más importante es que, a pesar de no ser
directa, los ciudadanos son conscientes de que es una elección presidencial,
para elegir al presidente del país, y votan en consecuencia.
Tras el recuento estatal, es decir, en cada
estado (no a nivel nacional-federal) el candidato más votado obtiene todos los
compromisarios que tiene asignado ese estado-distrito. Finalmente se citan los
538 grandes electores y por mayoría absoluta eligen al nuevo presidente, que
jura su cargo en enero del año siguiente, en concreto el 20 de enero, en una
gran ceremonia en la capital federal, Washington. Así se elige al presidente, que es jefe del
Estado y Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas. Además, en este proceso se
elige también, en listas separadas a los representantes del Congreso de los
EEUU.
Referencias: Luis Pueyo, Revista de Historia
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