GALES: CASTILLOS DE LEYENDA.
Gales es un país
con carácter que siempre ha plantado cara a los invasores. Lo hicieron las
tribus siluras y ordovicas contra los romanos. También se las tuvieron con los
reinos vecinos como Mercia y los normandos.
Y qué decir de la
resistencia frente al reino unificado de Inglaterra. Precisamente, testigos de
esa época todavía se erigen algunos de los ejemplos paradigmáticos de
arquitectura militar. Castillos de grandes dimensiones en un estado de
conservación envidiable.
El carácter
indomable de los galeses es su bandera: un dragón rojo con las garras
amenazantes. De hecho, esta reseña está inspirada en una leyenda: un rey
llamado Gwrtheyrn quiso construir un castillo, pero cuando las paredes
empezaban a coger altura, siempre se derruía.
El monarca pidió
consejo al mago Merlín. Éste le dijo que la infructuosa construcción se debía a
que debajo dormían un dragón rojo y otro blanco, y le pidió que cavara para
liberar a los dragones. Finalmente, los dragones despertaron y se enzarzaron en
una dura lucha que finalizó con la victoria del dragón rojo. Por eso Uther
Pendragon, padre del mítico Arturo de Camelot, adoptó el dragón rojo como
emblema de su linaje. Algunos oriundos del lugar explican que el dragón rojo
representa a Gales y el blanco, a Inglaterra.
No es de extrañar
que esta tierra esté colmada de leyendas artúricas, puesto que conserva algunos
de los castillos medievales más espléndidos del Reino Unido.
A 11 km de
Cardif, en el sur de Gales, podemos admirar la fortificación más grande de
Gales y la segunda del Reino Unido, sólo por detrás del de Windsor: el castillo
de Caerphilly, que ocupa nada menos que 12 hectáreas.
Curiosamente,
este castillo está en la parte más baja de la localidad, lo que descoloca al
visitante. Es fácil quedarse boquiabierto al ver por primera vez uno de los
despliegues de arquitectura militar más brillantes del mundo. Un primer foso,
un primer muro, un segundo foso, un segundo muro, y un tercer muro para llegar
al núcleo del castillo, rodeado de un inmenso lago artificial. No en vano es
considerado el gran paradigma de los castillos concéntricos. Fue construido
entre 1268 y 1271 por el señor anglonormando Gilbert de Clare.
La segunda
muralla es sensiblemente más baja que la tercera y última. Ambas están más
próximas. No es precisamente para facilitar el asalto de los enemigos sino para
que los arqueros de la muralla principal pudieran abatir más fácilmente a los
atacantes.
De hecho, a pesar
de haber sufrido varios asedios, el castillo de Caerphilly nunca fue tomado.
Así, su única señal de debilidad es una torre inclinada. Uno se imagina que la
estructura está dañada al haber sufrido en su día los ataques de los
trebuchets, pues resulta que es debido a causa de un corrimiento de tierra.
El ‘anillo de
hierro’
Entre 1276 y 1284
se produjeron las guerras de Gales. El rey Eduardo I, que logró devolver el
esplendor a la corona inglesa tras largas décadas de crisis, también mostró un
gran afán conquistador del que no se libró el país del dragón rojo.
Una de las claves
del dominio sobre el territorio galés fue la construcción de un conjunto de
imponentes fortalezas que conformaban el denominado ‘anillo de hierro’ al norte
de Gales. Son castillos estratégicamente situados alrededor del Parque Nacional
de Snowdonia para contener las posibles revueltas galesas procedentes de las
montañas, donde la población local tenía mayor opción de refugio.
Uno de estos
castillos es el de Harlech, que se asoma a un acantilado desde donde se domina
unas fabulosas vistas marítimas junto a las montañas de Snowdonia. De hecho,
las aguas, que ahora se ven a varios kilómetros, en el siglo XIII llegaban
hasta el pié del acantilado. Era una vía de avituallamiento empleada en épocas
de asedio, puesto que había unas escaleras en la roca que permitían subir
provisiones directamente desde los barcos.
Fuente: Iván
Sánchez Raya para Revista de Historia
Revisión y
Diseño: elcofresito




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