MUJERES GUERRERAS DE JAPÓN: HEROÍNAS LEGENDARIAS.
En la sociedad feudal japonesa, la mujer ocupó
casi exclusivamente el rol tradicional de cuidado del hogar y la familia. Sin
embargo, las circunstancias bélicas hicieron que un grupo de valerosas mujeres,
ejerciera una actuación decisiva en asuntos militares, participando en grandes
batallas, cumpliendo ciertas funciones estratégicas, de liderazgo, e incluso
misiones de alto riesgo.
Esta presencia de guerreras de aura legendaria
se remonta a los tiempos de la emperatriz Jingu (201-269) que según la
tradición invadió Corea con un ejército; y siguió vigente hasta mediados del
siglo XIX, con la actuación de las últimas mujeres samurái. Algunas de estas
mujeres han acabado ocupando un lugar en las leyendas y el folclore del país.
Fue una mujer samurái, una de las más
conocidas de todos los tiempos. Las mujeres samurái eran conocidas como
Onna-Buggeisha. Las Onna-Buggeisha solían especializarse en el dominio del
Naginata y el arco.
Tomoe vivió durante los tiempos de las guerras
Gempei (1180-1185), que enfrentó a los clanes de Taiara y Minamoto. De Tomoe Gozen se decía que era una gran
arquera y jinete. De ella se decía:
Cuando una batalla era inminente, Yoshinaka la
enviaba como su primer capitán, equipada con una pesada armadura, una enorme
espada y un poderoso arco; y ella era más valerosa que cualquiera de sus otros
guerreros.” (Cantar de Heike, poema épico del siglo XIII, considerado un
clásico de la literatura japonesa)
Parece que en 1184 ganó la batalla de Kurikawa
tomando Kioto. Algunas fuentes dicen que era la mujer de Minamoto No Yoshinaka,
del vencedor clan Minamoto. Tras la victoria del clan, el emperador lo declaró
enemigo del estado y lo mandó ejecutar. Tomoe Gozen moriría junto a él. Otras
fuentes dicen que le sobrevivió y que se convirtió en monja. En cualquier caso,
su final sigue siendo un misterio.
CHIYOME MOCHIZUKI Y LAS KUNOICHI (XVI d.C.)
Lady Chiyome, legendaria mujer de la nobleza
japonesa, poetisa y líder fundadora de las Kunoichi, las mujeres ninja.
Descendiente de ninjas del clan Koga, esta excepcional mujer vio como su
marido, el samurai Mochizuki Moritoki, fallecía en la batalla de Kawanakajima
(1561). Entonces fue puesta bajo el cuidado y servicio del Daimyo Takeda Shingen.
Este le encomendó una importante misión: Crear
y entrenar un grupo de mujeres ninja para espiar a sus enemigos y enviar
mensajes e información a sus aliados. Chiyome buscó en los fondos más bajos de
la sociedad feudal japonesa: huérfanas, vagabundas, prostitutas, marginadas.
Las entrenó en las artes femeninas ninja, muy diferentes a la de los ninjas
masculinos.
El entrenamiento incluía la actuación, el
espionaje, la seducción y el asesinato, utilizando todo tipo de recursos, que
parecían objetos de los más comunes, pero que en realidad eran armas letales.
Desde dagas, dardos y pequeñas cerbatanas, a las conocidas shuriken, pasando
por anillos con púas, las garras de gato (Nekote), que podían llevar en los
dedos, o un cinturón con el que poder estrangular sus víctimas. También el
famoso Tessen o abanico de guerra era utilizado por las Kunoichi. Sus prendas
femeninas y su pelo recogido permitían esconder todo tipo de artilugios
mortales. Era básico el manejo de venenos y pociones, que podían llevar escondidos
o incrustados en sus garras o anillos, así como de polvos cegadores en caso de
peligro. Las misiones podían durar años y podían llevar incluso al matrimonio
con la futura víctima.
Chiyome consiguió reclutar unas 200-300
mujeres, que disfrazadas y educadas como monjas (también se disfrazaban de
prostitutas, geishas, actrices...) estaban muy preparadas para moverse
libremente por los pueblos de la región. Esto dió una gran ventaja al clan
Takeda. Chiyome Mochizuki, al igual que su amo Takeda Shingen, parece
desaparecer de la historia hacia 1573, mientras se estaba preparando la lucha
contra Oda Nobunaga.
El grupo de las Kunoichi siguió vigente con
nuevas líderes. Otras Kunoichi destacadas de la historia son Hatsume No Tsubone
que sirvió durante el periodo Tokugawa, y Umemura Sawano, ninja del clan
Takeda.
NAKANO TAKEKO (1847-1868)
La mujer guerrera de Aizu. Nacida en una
importante familia samurái, en su juventud recibió una amplia formación en
artes marciales, literatura y caligrafía. La historia de guerreras legendarias,
como Tomoe Gozen, la marcó profundamente. Trabajó como maestra en diferentes
familias nobles, así como instructora de artes marciales y el uso del naginata.
Pero pronto el país se vio envuelto en la
guerra Boshin, que enfrentaba a los restauradores Meiji (visión imperial y
moderna) contra el antiguo y decadente Shogunato Tokugawa, todo ante la
reciente y forzada apertura del país a los extranjeros. Nakano se esforzó en la
defensa del Shogún, creando una unidad de mujeres samurái o onna-buggeisha,
(con varias de sus hermanas), que combatía por su cuenta, ya que no podían ser
aceptadas por el ejército.
En la batalla de Aizu, destacó su dominio en el
combate cuerpo a cuerpo con un gran dominio del naginata. En la defensa del
puente de Yanagi, cargaron con fiereza contra las tropas imperiales que
lanzaron múltiples ráfagas de fuego. Al ver que eran mujeres, los soldados
quedaron impresionados, consiguiendo las mujeres alcanzarlos y matar algunos de
ellos.
La misma Nakano acabó con varios antes de caer
por una herida en el pecho. Su propia hermana Yuko la decapitó (seppuku) para
darle una muerte honrosa y evitar que se la llevasen sus enemigos. Antes de la
batalla final escribió:
No me atrevería a considerarme /
miembro del círculo de los guerreros más
grandes y famosos /
aun cuando comparto con todos ellos el mismo
valor.
El final
Fue en este periodo de cambio y modernidad
cuando desapareció la cultura samurái y con ello, la presencia de mujeres
guerreras. Recientes estudios indican que la presencia de estas mujeres
guerreras fue mayor de la que se creía: casi un tercio de muchos de los
ejércitos estuvieron compuestos por mujeres, durante los periodos de mayor
belicosidad (siglos XVI-XVII y XIX). Estas heroínas son recordadas con
numerosas estatuas en el país nipón, y cada año son veneradas en los festivales
tradicionales.
Fuente: David Selva Corominas, Revista de
Historia
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